sábado, 26 de noviembre de 2016

"Caminando juntos", por Eugenia Jiménez Gallego

La orientadora Eugenia Jiménez Gallego publica en la sección "Historias Mínimas" de noviembre de Cuadernos de Pedagogía una nueva columna. La introduce con esta frase: "Invertir en nuestro equilibrio personal redunda en un mejor servicio a los estudiantes." Gracias, Eugenia, por compartir una vez más tus reflexiones con esta comunidad. Os animamos a comentar en esta entrada o en redes (Twitter, Facebook, Google+ o LinkedIn).

En varios centros que conozco nos estamos aventurando por un nuevo camino: la formación y el trabajo conjunto de los que nos sentimos atraídos por la educación emocional. Nos preparamos también a través de cursos, pero sobre todo mediante grupos de trabajo experienciales, porque pensamos que para poder abordar este aspecto con los adolescentes necesitamos vivirlo nosotros primero. Porque sentimos el vértigo y la profunda responsabilidad de trabajar con seres humanos en crecimiento, e intuimos que nos faltan herramientas. Porque estamos convencidos de que invertir en nuestro equilibrio personal va a redundar en un mejor servicio a los estudiantes. Así que nos reunimos para explorar nuestras emociones; conectar con nuestros olvidados cuerpos a través de la música, la relajación y el movimiento; centrar nuestras agitadas mentes con la meditación; probar la mediación en nuestros propios conflictos y cuidar cómo habitamos el puesto de cada uno.
Caminando juntos - Fuente: Eugenia Jiménez
En este último punto –tan importante para mí que le ha dado nombre a esta columna–, nos puede ayudar una valiosa enseñanza de Angélica Olvera, pionera de la pedagogía sistémica: los “indicadores para detectar cuándo nos salimos de nuestro sitio”. Porque, como ella explica, los docentes vocacionales tendemos a ocupar demasiado espacio, invadiendo el de los otros, sean padres o compañeros. Por eso, cuando notemos que estamos agotados, que no nos sentimos reconocidos, que fantaseamos con estar en otro lugar, podemos parar un instante para mirar hacia dentro. Y quizá entonces descubramos que, además de las presiones exteriores que sufrimos, también hacemos tareas que no nos corresponden y no nos han pedido. O juzgamos que los demás deberían comportarse según nuestros principios, y eso nos tiene descontentos y frustrados.

En esto andamos, como tantos docentes que han descubierto que quieren caminar juntos, creciendo para poder acompañar a sus alumnos y alumnas. Con ilusión, sí. Con miedos, también. Como la misma vida.


Eugenia Jiménez Gallego,
orientadora y autora 
del blog eSistémica

Columna publicada originalmente en: 
"Caminando juntos", Cuadernos de Pedagogía, Nº 472, Noviembre 2016

1 comentario:

  1. Muy de acuerdo.. Ahora que está están de moda trabajar las emociones parece que todo el mundo sabe hacerlo. Y a menudo reflexiono còmo algunas personas pueden opinar sentando cátedra sobre este tema cuando luego no lo practican en su vida habitual, no lo trabajan, no se forman y no transmiten sus emociones de forma natural. Igual que creo que un buen entrenador de baloncesto ha tenido que der alguna vez jugador, pienso que para enseñar educación emocional hay que practicarla y que forme parte de tu vida...

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