lunes, 26 de septiembre de 2016

"Máscaras en mi aula", por Eugenia Jiménez Gallego

La orientadora educativa Eugenia Jiménez Gallego ha retomado sus entradas mensuales en el espacio abierto "Historias Mínimas" dentro de Cuadernos de Pedagogía. En su columna de septiembre, Eugenia habla sobre las máscaras que se ponen nuestros alumnos en nuestros centros. Retoma una cuestión que ya trató en la Tribuna del Diario de Cádiz (19-11-2015). El tema conecta con nuestro debate de esta quincena sobre la importancia de la tutoría individualizada. Puedes añadir aquí un comentario o participar en alguno de los debates abiertos en redes (en Twitteren Facebook, en Google+ o en LinkedIn). 


Desde mi sitio - Fuente: Eugenia Jiménez
Empieza el curso y los alumnos y alumnas afrontan otra vez el reto de moverse en su grupo de iguales. Socializarse es uno de los aprendizajes más importantes y que más incide en el rendimiento escolar, porque un año tras otro observo cómo los mecanismos de defensa que utilizan muchos chicos y chicas consumen la mayor parte de la energía que necesitan para aprender. Se dedican a mostrarse peligrosos antes que vulnerables; mejor vagos que torpes; payasos que tristes.  
Por eso les planteo una actividad sobre las máscaras. Deben dibujar una careta con la expresión que suelen llevar puesta en el centro: la diversión, la rabia, la indiferencia. Y por detrás describen las emociones reales que ocultan tras esa fachada: las tristezas y los miedos, el resentimiento o la angustia. Cuando toman conciencia de este mecanismo que usan de forma inconsciente, empiezan a mirar su realidad de otra manera. “Profesora: esta semana me estoy quitando la máscara. En mi barrio y en el recreo la tengo que llevar, pero en esta clase puedo dejarla”. Ellos me han enseñado que las máscaras son necesarias en algunos contextos, porque primero hay que sobrevivir. Y por su parte han entendido que “la máscara oculta tus problemas, pero no te ayuda a solucionarlos”. Los docentes podemos ayudarles a desenmascararse en el aula, con actividades de tutoría de conocimiento, de cohesión del grupo, de autoestima. Además, a mí me gusta hacer una ronda al inicio de la clase en la que comparten con el grupo “buenas noticias”: exámenes que han ido bien, pequeños retos que han superado... Momento que aprovecho para reforzar públicamente cualquier avance, para que sientan su yo real más valioso que cualquier disfraz. Y sobre todo, les ayuda a que nosotros nos relacionemos con ellos a cara descubierta. 
Solo cuando creamos en clase un clima de confianza y seguridad pueden dejar de mirarse con recelo y volverse a mirar hacia la pizarra.


Eugenia Jiménez Gallego,
orientadora y autora 
del blog eSistémica

Columna publicada originalmente en: 
"Desde mi sitio", Cuadernos de Pedagogía, Nº 470, Septiembre 2016

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